En el tintero de cosas que sobrevuelan mi cabeza antes de caer rendida por la noche, hace tiempo que discurren varias reflexiones sobre la alimentación de nuestros retoños. Hablo de la leche; ese primer alimento que ingerimos y que es nuestra fuente de nutrición en exclusiva durante (idealmente) seis meses.

Por lo que he vivido en mis carnes, la lactancia materna no se corresponde con la idea de anuncio que tenemos en nuestro imaginario colectivo. Mis tres primeras lactancias tuvieron inicios desafortunados y muy dolorosos, con el paquete completo de grietas, chupetones, morados y sangre. Os aseguro que tener el pezón en carne viva es de lo menos glamuroso y lo único que tienes ganas de hacer es cerrar el grifo y acabar con ese sufrimiento “a demanda”. Con el primero hice mixta casi desde el primer día y, por una mezcla de estrés y circunstancias adversas variadas, dimití pronto del pecho. Con el segundo aguantamos como campeones hasta los 6 meses, pero lo dejamos de forma inesperada y abrupta (¡y terminamos con leche hidrolizada por intolerancia a las proteínas de leche de vaca!). Con el tercero -y contra todo pronóstico porque el inicio fue seguramente el peor de todos- la cosa se alargó casi 18 meses.

Lo bueno de trabajar fotografiando a mujeres que acaban de ser madres es que suelo aprovechar para hacer mis encuestas encubiertas, y siempre he tenido curiosidad por saber si el mío era un caso aislado o éramos varias las que compartíamos el agobio y dolor iniciales.

La gran mayoría de mis “encuestadas” afirman tener intención de amamantar, o como mínimo de probarlo. Unas pocas tienen clarísimo desde el minuto cero que quieren dar leche de fórmula (¡y así tiene que ser! las cosas claras, es una decisión totalmente personal e intransferible y que deberíamos tomar sin reproches de nadie). No sé si mi muestra es representativa de algo, pero de entre todas las que lo prueban, debo decir que las mujeres que no tienen algún tropiezo en el establecimiento de la lactancia materna parecen estar en franca minoría. Creo que puedo contar con los dedos de la mano las que afirman no haber tenido ningún tipo de dolor ni problema (a esas les pondría el monumento a supermujer del universo, y confieso tenerles una envidia descomunal).

El problema de “probarlo” con la lactancia materna es que no vale hacerlo como quien prueba a apuntarse al gimnasio. En mi humilde experiencia, si no estamos armadas previamente de muchas ganas y un mínimo de conocimientos, en cuanto llega el momento cumbre de dolor, cansancio acumulado y hormonas puerperales, nos derrumbamos. O bien, fruto de la ignorancia, nos creemos tópicos absurdos y en su mayoría sin fundamento, como que nuestra leche no alimenta, que no tenemos la suficiente o que se nos corta.

_MG_4866

Hay teorías que apuntan que hemos perdido la noción de tribu, que ya no vemos a otras mujeres amamantar, y que cuando tomamos a nuestro bebé en brazos nos sentimos un poco como extraterrestres. Las causas de la desdicha compartida de una lactancia dolorosamente complicada seguramente son muchas (léase frenillos sublinguales cortos, problemas posturales, atontamiento postepidural, separación madre-bebé y un sinfín de cosas más), pero por mi parte lo que tengo claro es que la mejor forma de atacar el problema es armándonos de información, por un lado, y de apoyo, por otro.

Del apoyo poco puedo decir, porque es tarea de parejas, madres, herman@s, amig@s y familia. O al revés, hay tanto por decir que quizás mejor dejarlo para el capítulo “cosas del puerperio”. Pero con la información no hay excusa: hoy en día tenemos un invento muy chulo que se llama internet, que tiene la llave para darnos cantidades brutales de información y que puede, potencialmente, resolver muchos problemas. Chicas, el conocimiento es poder. La labor que hacen las asociaciones por la lactancia es para quitarse el sombrero. Además de webs, asesoramiento personalizado y teléfonos 24 horas, se ha creado hasta una app con la que llevo trasteando varios días, que integra no sé cuántas mil preguntas y respuestas sobre lactancia y que parece más bien una enciclopedia portátil.

Yo me derrumbé. Tres veces. He llorado de dolor y de desesperación, he tensado los hombros y me he mordido la lengua mientras acercaba la boca de mi bebé al pecho. Recuerdo leer las páginas de Alba Lactancia Materna repetidamente cual manual sagrado. Por suerte, nunca he tenido complicaciones más graves; no he vivido mastitis, ni abscesos mamarios. Pero no lograba entender por qué ninguna postura parecía aliviar esa tortura, por qué el sacaleches me dolía igual o más que su boca y no conseguía sacar ni una triste gota o por qué todo el mundo recomendaba el purelan cuando no hacía absolutamente nada por mí. Niente. Ni tampoco la pezonera.

En esos momentos de oscuridad es muy reconfortante escuchar una voz amiga que te diga que sí, que se puede, y que te acompañe hasta el final del túnel. Pero, por encima de todo, creo que las mujeres debemos ser un poco más indulgentes con nosotras mismas. Tomemos la decisión que tomemos -materna, mixta, artificial, diferida, prolongada o en tándem- será la mejor que podíamos haber tomado en cada momento -y, si no es así, el cuerpo nos pedirá rectificarla. A veces las circunstancias no son las que nos gustarían y los motivos que nos empujarán hacia un tipo de lactancia u otra son personales y únicos. De poco sirve autofustigarnos y criticarnos mutuamente por ello.

El inicio de la lactancia materna quizás no sea un camino de rosas, pero sí que tiene mucho de autonocimiento y de ponerse a prueba una misma. Así que, si has aterrizado aquí sin saber muy bien cómo y aceptas un consejo de una #soontobemadredecinco: infórmate; infórmate mucho y quiérete; quiérete mucho. Porque eres lo que comes, pero también eres lo que das de comer a tu hijo.

Por mi parte, volveré a apuntarme al gimnasio. Y esta vez entraré con rodilleras, guantes, casco y protector de mandíbula puesto. Y una app bajo el brazo ;-)

* Por si os preguntáis qué fue de mi cuarta lactancia – pues fue… otra historia por completo, así que seguramente se merezca un post aparte.

** Si he dicho alguna burrada, corregidme, por favor. Que una tiene criterio, pero no sabe de todo.

A %d blogueros les gusta esto: