Entrevista a Yessica Clemente, asesora de juego y crianza

Inquieta, en constante movimiento, sonriente y siempre lista para dar un abrazo energético. Cuando la ves de lejos, sientes las chispas que emite su mecha incombustible: se llama Yessica y es el alma que está detrás de un proyecto precioso, llamado Rejuega, que aspira a que los adultos reeduquemos nuestra mirada para conectar con nuestros hijos a través del juego. O, dicho de otra forma, quiere que volvamos a jugar.

Su espíritu «juguetón» se traslada a todos y cada uno de sus gestos. Y yo, que he tenido la suerte de acompañarla en algunos encuentros presenciales que ha organizado en los últimos dos años bajo el paraguas de Tiempo de Infancia, necesitaba saber más de ella y que me contagiase algo de su magia. Así que la ha puesto contra las cuerdas para hacernos reflexionar un poco sobre maternidad, y le he pedido que nos cuente cuál es su secreto para seguir siendo una niña cuando ya eres madre.

La maternidad como revulsivo

– Cuéntanos, en dos frases, quién es Yessica Clemente.

Una mujer apasionada y sensible que necesita tocar, sentir y crear. Por eso estudié Bellas Artes y me especialicé en diseño industrial. Pero me faltaba algo más profundo, que apareció cuando fui madre. Colgué mis tornillos y pie de rey y me dediqué a formarme en educación respetuosa y el juego en la infancia. Mis mejores masters, mis hijos. El resto de formaciones han sido complementos interesantes para profundizar en temas que ellos no podían decir con palabras concretas.

– ¿Qué supuso para ti la maternidad?

Cuando nació el primero, me di cuenta que quería cambiar el mundo. Y me puse a observarlo y observar la sociedad. Cuando nació la segunda me di cuenta que: «La educación no cambia el mundo. Cambia a las personas que van a cambiar el mundo» (Paulo Freire). Así que me puse a profundizar en la educación a partir de las necesidades que cada uno de mis hijos iba planteando.

Así, la maternidad fue un revulsivo que movió todas mis prioridades, desajustó mis creencias y activó las ganas de ser mejor persona aún.

– ¿Cambiarías algo de lo vivido desde que tuviste a tu primer hijo para hacerlo distinto?

Sí, lo primero sería el ser consciente de que lo primero soy yo, porque si yo estoy bien conmigo mismo, no solo ellos están bien sino que les doy uno de los mejores ejemplos que les puedo dar: el respeto a uno mismo. Luego, cambiaría la velocidad del primero. Tendemos a llenar su tiempo porque tenemos esa creencia que si no lo aprende ahora no lo aprenderá nunca y no es así.

Y seguramente el cambiar la palabra después por un ahora. En ello estoy. No es fácil pero sé que no me arrepentiré de aquí a unos años. 

Rejuega: volver a jugar

– ¿Por qué Rejuega? ¿Qué valor tiene para ti el juego?

Rejuega viene por un guiño a mi país natal que es un prefijo que potencia la palabra que le sigue, también por un RE de volver a usar, a ser, a sentir, a pensar, a jugar…

Para mí, el juego es una actitud de vida. Lo llevamos en nuestra esencia y es el motor que nos lleva a vivir la vida de forma positiva, siendo nosotros mismos en nuestra autenticidad y una herramienta que nos facilita el aprendizaje y la resolución de problemas. Jugando las cosas se viven más fácilmente, más sentidas y conectadas con nosotros mismos y con aquellos que compartimos el juego.

– ¿Crees que los adultos deberíamos jugar más? ¿Por qué «perdemos» (o enterramos) tantas cosas en la edad adulta y nos cuesta tanto sacarlas de nuevo a la luz?

Creo que si los adultos jugáramos más, veríamos las cosas desde otra perspectiva, estaríamos más contentos y nos reiríamos mucho más. Creo que estaríamos en equilibrio con nuestra mente, nuestro cuerpo y nuestro corazón; igual que lo vive un niño.

Lamentablemente, conforme nos vamos haciendo mayores, creemos que el juego es cosa de niños y niñas y que debemos centrarnos en nuestros objetivos de vida. La sociedad nos empuja a ello y, lamentablemente, cada vez antes de tiempo. Poco a poco la responsabilidad deja de lado lo lúdico. Tanto que llega un momento en que ya no nos acordamos de ese estado. Hasta que de repente te ponen a un peque delante y vuelves a saborear pequeñas dosis de esa sensación que sigue estando en ti, dormida pero con ganas de salir. 

Creo que si los adultos jugáramos más, veríamos las cosas desde otra perspectiva, estaríamos más contentos y nos reiríamos mucho más. Creo que estaríamos en equilibrio con nuestra mente, nuestro cuerpo y nuestro corazón; igual que lo vive un niño.

– ¿Qué podemos hacer para contrarrestarlo? Danos ideas sueltas, propuestas que podamos incorporar en nuestro día a día para volver a recuperar esa mirada perdida.

Simplemente lo que necesita es que le demos permiso. Tenemos que darle permiso a ese adulto para jugar y descubrir con cuál juego nos gusta jugar ahora. Dejar la vergüenza a un lado y volvernos a sentir para descubrir qué es lo que nos motiva personalmente. Escucharnos y seguir ese instinto. Nos conducirá hacia zonas de no confort que si las transitamos, despertarán nuestra actitud lúdica.

Si tenemos peques por casa, es tan sencillo (y tan difícil a la vez) como sentarnos a observar conscientemente y seguir ese empuje interior, si surge. No forzarnos, es un proceso que hemos de transitar. Lo bueno es que ellos y ellas nos reconectan con un momento de nuestra infancia, nos hacen explorar juegos de faldas que nuestras padres hacían con nosotros; luego, juegos corporales, canciones, juegos de equipo… Poco a poco vamos recordando lo que fuimos y hemos de darnos permiso a ello y disfrutar de esos momentos con ellos y ellas.

Ya, el siguiente paso sería descubrir con qué nos apetece jugar ahora y buscar nuestro tiempo para jugar con nosotros mismos.

– Se suele decir que, cuando uno tiene hijos, vuelve a ver la vida con ojos de niño. ¿Cómo podemos aprovechar la ma/paternidad para reconectarnos con el juego?

Así es. Volvemos a ver en lo cotidiano, todo un mundo maravillo para explorar. Es algo mágico pero tenemos que querer verlo. Solo si valoramos lo que nuestros hijos ven, descubren, nos invitan a mirar, es cuando realmente podemos mirarlo con el corazón, con ojos de niños.

Lo podemos aprovechar si somos humildes, si somos conscientes de que los realmente expertos en estos temas son los niños y niñas y nosotros, unos meros aprendices. Esa humildad hará que nuestro ego conecte con la tierra y nuestra mirada se comunique de igual a igual. Cuando esto ocurre, nuestro juego sale solo. Nos apetecerá jugar con ellos siendo acompañantes activos en sus juegos y también nos apetecerá jugar a nuestro propio juego; disfrutando de lo que somos hoy. 

Tiempo de infancia: encuentros presenciales para cambiar la mirada del adulto

– Háblanos también de Tiempo de Infancia. ¿Qué es, qué nos propone?

Tiempo de Infancia es la parte de Rejuega donde poder hablar de educación y crianza, y volver a decir al mundo que la infancia es un momento fundamental de la vida, que necesita ser transitada sin prisas y sin quemar etapas. Y ser acompañada con sentido común, respeto y dignidad. 

Y en este afán de transmitir esta idea, creamos variedad de formaciones alineadas a nuestros valores. Entre esas formaciones, ofrecemos encuentros vivenciales donde dedicarnos un momento para cuidarnos, reflexionar y aprender sobre estos temas, desde un prisma respetuoso hacia uno mismo y hacia la infancia. Una propuesta para pensarnos, observarnos y afinar nuestras acciones para crear nuestro propio camino de crianza, dándonos cuenta de que somos muchos y muchas las que queremos acompañar a nuestros hijos y alumnos de forma diferente.

– ¿Piensas que la crianza respetuosa es una «moda» o realmente conseguiremos crear un cambio profundo en la sociedad? ¿Estamos destinados a volver a tropezar siempre con la misma piedra?

Creo que el respeto es un valor que en todas las casas deberíamos de sembrar y que la crianza respetuosa no es más que una crianza con sentido común, donde el respeto es uno de los valores relevantes que nos sirven para conectar y acompañar como realmente queremos. Así, «crianza respetuosa» lo entiendo como una forma de decir que nos acercamos a la infancia viéndolos como personas activas y conscientes que son, donde su opinión se tiene en cuenta y se respeta y donde nuestra relación con ellos es igual a como nos gustaría que nos trataran a nosotros; siendo nuestro ejemplo nuestra mejor manera de educar.

Y sí, volvemos a tropezar con las mismas piedras, esas piedras que son automatismos que traemos de serie, y que poco a poco debemos de ir viendo para pararnos delante de ellas y decidir cómo afrontarlas. El camino estará lleno de piedras de este tipo y de otros. En nuestra mano está el ponerle consciencia y buscar una manera de encararlo de forma positiva y que nos sirva para aprender a todos los miembros de la familia.

¿Cómo conectar mejor con nuestros hijos?

– ¿Si tuvieras que decirme algo (a mí, o a cualquier persona cuyo trabajo implique el trato con niños – aunque sea de forma tangencial) para mejorar mi enfoque y hacerlo más respetuoso, más disfrutado, más alineado con la infancia y conmigo misma, qué sería?

Observa y Disfruta. Cuando observamos conscientemente somos capaces de descubrir en ellos y ellas un mundo que desconocemos a ojo adulto. Por otro lado, también podemos conectar con sus necesidades y podemos atenderlas estando sintonizados con el momento y la persona.

Por otro lado, déjate disfrutar. Ellos y ellas viven disfrutando la vida, cuando disfrutas todo fluye, todo está en armonía y tu actitud es de serenidad total con el entorno. Si te fijas, lo que te estoy diciendo es que vuelvas a ser niña. Los niños y las niñas se acercan a personas que les gusta disfrutar, que les gusta jugar, que viven el presente. Así que, sigue a tu niña interior. 

– Y en el plano más personal, ¿puedes darnos una o dos frases que nos ayuden a encontrar el equilibrio que nos falta en los momentos difíciles que conlleva la crianza?

(Risas) …ni idea. Creo que cada uno ha de encontrar su mantra que irá variando según el momento y la circunstancia. Puedo decirte los que me han ayudado a mí durante años por si te sirven…

«Sigue al niño» de Maria Montessori. Con este mantra, cuando veía que algo no iba bien o no sabía qué hacer, me servía para volver a mí, tomar confianza en la situación y poder afinar mi mirada para observar las necesidades del niño o niña que tenía delante. Así veía que las cosas transitaban con mayor fluidez y facilidad para todos.

Otro: «Menos en más» de Mies Van der Rohe. Él lo utilizaba para hacer de su arquitectura, una arquitectura funcional para el ser humano que lo habitaba. Yo lo utilizo para repensar mis acciones que repercutirán en otras personas. Y para darme cuenta de que, realmente, con muy poco los niños y niñas pueden llegar a hacer grandes cosas como él. Pero solo si le damos lo justo y necesario es cuando ponen a trabajar con maestría la creatividad. Es maravilloso.

Ahora que ya conoces un poco más a Yessica, déjame contarte que el próximo sábado, 6 de julio vamos a organizar un taller conjunto sobre fotografía y juego. Se llama Luces, cámara, ¡juego! y tienes toda la información aquí. Porque como bien sabemos, fotografiar también es un juego. No te quedes fuera y ven a experimentar esta jornada para reconectar con nosotros mismos y con nuestros hijos e hijas.