«No me gusta mi cuerpo después del embarazo» – probablemente todas podríamos decir lo mismo mientras pensamos cómo recuperarnos. Tras el parto te sientes como un globo pinchado: te miras al espejo y sigues viendo barriga, pero flácida. Unas ojeras hasta el suelo de cansancio, un humor cambiante debido al baile de hormonas… y, si has decidido dar el pecho a tu bebé, tus senos estarán más grandes y sensibles de lo habitual.

Eres la viva imagen de… una madre.

Porque así es una madre real, no una celebrity que ha pasado por Photoshop o que tiene un entrenador personal y se pone a régimen en plena cuarentena (algo que suele ser muy mala idea si se hace a las bravas, por cierto). El cuerpo de la mujer tras el embarazo y el parto nunca vuelve a ser del todo el mismo. Pero eso no es malo: es el momento perfecto para aprender a quererse desde cero, sin condiciones.

Si consigues ver un poco más allá de la superficie, descubrirás que hay muchas cosas que puedes hacer para sentirte bien contigo misma.

¿No te gusta tu cuerpo de embarazada? No eres la única

Si antes del embarazo no te veías bien, posiblemente en el embarazo te verás aún peor. En las revistas aparecen solo chicas preciosas, estilizadas, de piel radiante, con una barriga de curvas perfectamente normativas. Pero, igual que ocurre con el mundo de la moda y de la publicidad en general, no olvides que esas chicas no son la mayoría, son solo la representación de un ideal de belleza cambiante (que ha variado mucho a lo largo de los siglos, por cierto) y que el cuerpo normativo es una invención intangible.

La realidad es que, a pesar de que en el imaginario colectivo una embarazada luce radiante, muchas mujeres no se sienten especialmente bonitas ni a gusto con su cuerpo ya durante el tiempo que dura la gestación. Aparecen manchas en la piel, sufrimos de retención de líquidos, nos inflamos… Por si eso fuera poco, es muy habitual que el embarazo conlleve una serie de efectos secundarios más o menos pesados de sobrellevar: ardores de estómago, varices, síndrome de las piernas inquietas o insomnio.

Si a esto le sumamos que todo el mundo habla de que debes cuidarte durante el embarazo haciendo ejercicio físico, comiendo bien o poniéndote cremas varias para prevenir estrías, la presión puede llegar a ser asfixiante. Y sí, por supuesto que debemos cuidarnos, pero no pensando que luego todo volverá a ser igual. Ese es, creo, el gran engaño en el que casi todas caemos.

Tu cuerpo después de parir ya no es igual que antes

Entonces llega el parto y todo lo que ello conlleva. Quizás haya sido tu parto soñado, o quizás no. El parto no siempre deja un recuerdo agradable pero, independientemente de la experiencia vivida, dar a luz conlleva una serie de cambios drásticos en tu cuerpo: dolores de espalda, barriga flácida, hemorroides, pechos hinchados, caída del pelo… La lista es larga y, muchas veces, dolorosa.

Lo sé, he estado ahí y es duro. Muy duro. Los kilos de más no siempre te abandonan. Otras veces, tienes una diástasis abdominal que te hace parecer embarazada de por vida. Es posible que tengas la barriga llena de estrías que la atraviesan. O que amanezcas llena de manchas, arrugas, y canas que empiezan a asomar. La maternidad es un terremoto que sacude todo tu ser.

Justo cuando piensas que todo ha «acabado» porque ya tienes al bebé en tus brazos, es en realidad cuando todo empieza: se abre la puerta del puerperio y allí estás tú, sola, con tus miedos e inseguridades. No sabes si lo harás bien. No sabes cómo hacerlo. Te sientes sola. Y lo último que necesitas es mirarte al espejo para ver una sombra de lo que fuiste.

Si te sientes así ahora mismo, frena un momento y piensa: mientras tú aborreces el reflejo que ves en el espejo, hay alguien (en tus brazos) que te mira con sus ojitos llenos de amor incondicional. Alguien para quien tú y tu cuerpo sois lo mejor del mundo, el refugio más cálido, el templo más precioso, la fuente de su seguridad y bienestar (¡y alimento!): tu [email protected]

Recuperar tu cuerpo tras el embarazo: ¿es posible?

De hecho, es posible que tu bebé ya no sea tan bebé, y que el embarazo te quede muy lejos. Pero la sensación de haber dejado de ser tu misma permanece, y la frustración con tu aspecto físico te acompaña.

Si has llegado hasta aquí, déjame que te adelante que no hay ninguna fórmula mágica para recuperar tu cuerpo de antes de parir. Y la respuesta es obvia: antes de parir, no habías parido. Nadie había habitado tu vientre durante nueve meses. Ningún bebé se había abierto camino entre los huesos de tu pelvis. La maternidad te cambia en todos los sentidos, y por eso ya nunca volverás a ser la misma de antes. Tu cerebro también cambia para siempre, y tienes restos de ADN de tus hijos corriendo por tus venas…

Pero eso no significa que debas simplemente resignarte y quedarte de brazos cruzados. Puedes hacer mucho por aprender a quererte, tanto en el plano físico como emocional:

Cinco cosas que puedes hacer después del parto para recuperarte y sentirte mejor

1. Fotos de la maternidad: mírate con otros ojos

Quizás no te sientes con energía para hacer ningún tipo de ejercicio. No tengas prisa, cada cosa a su ritmo. Pero algo que puedes hacer para sentirte mejor es ponerte delante del objetivo de una cámara. Quizás pienses «ni loca, así lo único que conseguiré es ver todos mis defectos». Pero te equivocas; lo que consigues haciéndote una sesión de fotos con tu bebé es precisamente verte a través de sus ojos:

  • Ver el amor que tu [email protected] siente por ti, y cómo se ilumina tu mirada al verle.
  • Cambiar tu visión de tu propio cuerpo, que ha sido capaz de albergar nueva vida.
  • Capturar un momento único y efímero en tu vida, y el inicio de vuestro camino juntos.
  • Favorecer el vínculo.

Tú siempre serás tu peor crítica, pero quizás ha llegado el momento de descentrar la mirada y empezar a verte con otros ojos, los de tu hijo. Cuando entiendes que tu cuerpo es el de una diosa que ha sido capaz de gestar vida, puede empezar a mostrarle gratitud y cuidarlo como se merece.

Ser madre es una oportunidad fantástica para reconciliarte contigo misma y dejarte de complejos y manías: solo suéltate y déjate llevar. Nuestros hijos no ven ninguno de los defectos que nosotros nos atribuimos. Hagamos como ellos.

¿Quieres unas fotos reales y preciosas con tu hijo? Hablemos.

no-me-gusta-mi-cuerpo-despues-del-parto

2. Ejercicios hipopresivos tras el parto: mima tu suelo pélvico

Los hipopresivos son el ejercicio recomendado por excelencia a mujeres que han dado a luz. Además de mejorar tu postura y recolocar tus vísceras, fortalecen toda la musculatura del suelo pélvico, la que más sufre durante el embarazo y el parto.

Los hipopresivos pueden ayudarte a:

  • Tonificar el suelo pélvico.
  • Evitar problemas de incontinencia o prolapso.
  • Mejorar la postura.

Hacer sentadillas y ejercicios de Kegel también te ayudará. Pero hagas lo que hagas, no se te ocurra realizar los abdominales de toda la vida, porque esos sí están contraindicados.

Si sufres de diástasis o si has tenido problemas con la cicatrización tras una cesárea, acude a un centro especializado donde podrán evaluarte y ofrecerte opciones. En Barcelona tienes el centro Marcela Mas, por ejemplo.

3. Yoga para mamás: una actividad que puedes hacer con tu bebé

El yoga en el postparto te puede ayudar a:

  • Llevar mejor el agotamiento.
  • Recuperar la figura.
  • Tonificar la musculatura debilitada durante el embarazo.

Quien dice yoga dice pilates, o cualquier tipo de ejercicio suave adaptado específicamente para el postparto. Hay muchas formas de ejercicio planteadas para que puedas asistir junto a tu bebé. Quizás no es algo que vayas a hacer inmediatamente después de parir pero, si te animas, seguro que tu cuerpo lo agradecerá y te sentirás mejor.

4. Grupo de lactancia: aligera el camino haciendo tribu tras dar a luz

La lactancia es uno de los grandes aliados para que el cuerpo se recupere después del parto.

  • Ayuda a que el útero recupere su tamaño.
  • Contribuye a quemar la grasa acumulada durante el embarazo.
  • Reduce el riesgo de parecer cáncer de mama y de ovarios.
  • Se sabe que las mujeres que dan el pecho recuperan más rápido y mejor la figura que las que no lo hacen.

Pero no todo son ventajas: son pocas las mujeres que no se topan con algún obstáculo o que no viven en un mar de dudas. Si el tema te desespera, si tienes dolor, si te vuelven loca con suplementos y percentiles, acudir a un grupo de lactancia o a una asesora de lactancia o compartir tu experiencia con otras madres en un grupo de lactancia te ayudará.

5. La importancia del autocuidado: tiempo para ti después de dar a luz

Muchas de las ideas anteriores ya llevan implícito el hecho de regalarse un tiempo para una misma. Puede parecer una tontería, pero no lo es: después de dar a luz, tú quedas en segundo plano porque tu vida orbita al 100 % en torno al bebé.

  • Buscar huecos en los que mimarte y tener un rato, aunque sean 15 minutos, solo para ti, son una buena manera de empezar a reconocer a tu nueva yo.
  • Si no tienes canguro, pide a un familiar de confianza, o incluso a tu pareja, que te eche una mano y regálate un rato a ti misma. ¡Sin excusas!
  • Puedes ir a tomar un café, salir de compras, encerrarte en la biblioteca a leer un libro, acercarte a la orilla del mar…

¿Qué actividad es la que mejor te hace sentir y te devuelve el equilibrio y la paz interior? Ve a por ello, no esperes que el tiempo para ti venga a ti.

Si la cosa no mejora y cada vez te sientes peor, pide ayuda

La depresión postparto existe, y ya es hora que hablemos de ella

Las mujeres tenemos una gran presión social encima desde el momento en que decidimos ser madres. El camino no siempre es fácil: infertilidad, pérdidas gestacionales… pero incluso en el caso de que todo «salga bien», no siempre te sientes bien. Durante el puerperio es habitual:

  • Sentir ahogo, tristeza y un gran cansancio.
  • Tener la sensación de no llegar a todo y estar sobrepasada.
  • Sentir que no eres la mejor madre para tu bebé.
  • Es incluso normal llegar a sentir rechazo hacia el bebé.
  • Sentirse perdida, abatida, vulnerable y SOLA.

Los sentimientos teñidos de negatividad son muy comunes sobre todo en el puerperio inmediato. No obstante, a veces la situación no mejora y puede desembocar en una verdadera depresión.

Cuando se analizan las cifras que manejan los sanitarios especializados en la atención psicológica a mujeres en el postparto, resulta escalofriante pensar que haya más de un 10% madres que sufren depresión postparto, y que muchas ni siquiera se diagnostiquen. Algunos casos pueden llegar a ser graves, con riesgo para la vida de la madre y el bebé, y requieren ayuda urgente.

Si sientes que te estás hundiendo, pide ayuda. Habla sin vergüenza de lo que te está pasando. No estás sola, y hay profesionales preparados para ayudarte. En Barcelona, por ejemplo, se ha abierto el primer hospital de día madre-bebé para que las mujeres puedan realizar el tratamiento sin separarse de sus hijos.

¿La cirugía es una opción?

Solo tú puedes responder a esta pregunta. Hay mujeres que se ven tan mermadas, tan distintas que no solo no se reconocen cuando se miran al espejo, sino que sienten la necesidad de recurrir al bisturí para arreglarlo.

En mi opinión, la situación en la que nos encontramos tras el parto no es más que otra pieza del rompecabezas de una sociedad patriarcal, regida por unos ideales de belleza totalmente fuera de la realidad. El cuerpo «normativo» que vemos en publicidad, cine, etc. no es más que un estereotipo pasado por Photoshop.

A modo de reflexión:

Ser madre es una oportunidad de oro para aprender a mirarnos de otra forma y a rendir culto a un cuerpo capaz de albergar vida. Pretender tener un vientre plano y unos pechos turgentes después de la sacudida vital que supone el embarazo y el parto es, en la mayoría de los casos, marcarse como objetivo un espejismo. Todas las vivencias dejan marcas, y pretender que el embarazo no lo haga es, una vez más, querer negar lo obvio.

Sí, el embarazo te cambia. Sí, no volverás a ser la misma. Serás infinitamente mejor, sobre todo, a ojos de tu bebé. Quizás nuestros hijos deberían ser el espejo en el que nos miremos, ¿no crees?