Seguro que has puesto muchas ganas e ilusión en hacer las primeras fotos de tu bebé, o en una sesión de familia que hace tiempo que planeabas. Y lo más probable es que el resultado te encante. Pero, en una sesión de fotos con bebés o niños, el elemento sorpresa a veces nos juega malas pasadas. Aunque las fotógrafas infantiles solemos tener paciencia infinita y nos encantan los críos, en ocasiones, con eso no basta. Entonces, una vez en casa y revisando el resultado, es cuando aparecen las dudas, las decepciones y las frustraciones. Quizás esperabas una cosa y no te han convencido las fotos que te han entregado, o la experiencia no fue como imaginabas. ¿Qué puedes hacer?

Hace unos días, una clienta me preguntaba precisamente por este tema. Me dijo que en el reportaje de fotos newborn con su primer hijo se habían quedado con mal sabor de boca y que la sesión había ido «mal», así que no tenían claro si querían repetir con el bebé que esperaban. Convencer a tu pareja para una sesión de fotos no siempre es fácil, y menos si has tenido alguna experiencia previa poco satisfactoria.

En mi opinión, parte del problema de ese «mal» es que no se han gestionado bien las expectativas por falta de comunicación. Y no solo me refiero a tus expectativas como madre o padre, sino también a las mías, como fotógrafa.

Piensa bien y acertarás

La fotografía de recién nacidos suele implicar una gran tensión para quien tiene la cámara en las manos. No basta con saber componer, disparar y retocar. Se necesita un tacto especial y saber acompañar la situación con fluidez. Sabemos la foto que queremos conseguir, pero quien decide si se hace y cómo se hace no siempre es el fotógrafo, sino el bebé que tiene delante. Por suerte la experiencia es un grado y, con el tiempo, una aprende a amoldarse a cada situación. Pero eso no cambia el hecho de que estamos fotografiando a pequeñas personas a las que no podemos obligar a hacer algo concreto, y el respeto y el cariño deberían anteponerse a todo lo demás.

Por eso es vital que haya una comunicación previa con los padres para contarles lo que pueden esperar y lo que no, y para conocer sus expectativas. Si yo sé que tú no necesariamente buscas una foto perfecta en la que el bebé salga posado al milímetro, en el momento en que las cosas no vayan como esperaba, sabré que puedo intentar otros caminos y probar otras aproximaciones: fotos más reales, más informales y retratos más espontáneos de tu bebé. Quizás estoy peleando por conseguir una imagen que para ti no es tan importante, y podríamos ahorrarnos la frustración colectiva de todos los adultos de la sala.

Y lo mismo ocurre con los niños un poco más mayores: a un bebé de dos años no se le fotografía prometiéndole premios ni amenazándole con castigos, sino respetando sus ritmos y seduciéndole para jugar. A un niño de cinco años que entra por la puerta enfadado, de poco sirve echarle una mirada fulminante o soltarle dos palabras severas. Una sesión de fotos en familia debería ser un momento para disfrutar, no para sufrir ni estar en tensión. Por eso, mientras estamos «en faena», es aconsejable verbalizar lo que os gustaría y formar equipo con el profesional que os acompaña para conseguirlo.

Un bebé recién nacido o un niño no se portan «mal». Se portan como bebés o niños que son, y reconocer eso es el primer paso para ir en la buena dirección. A veces los hermanos no quieren sentarse juntos, ni abrazarse, ni sonreír. A veces están cansados, o hambrientos. A veces están demasiado interesados por el nuevo espacio en el que se encuentran como para venir a hacerse una foto con mamá. Y, a veces, simplemente tienen un mal día. Y ahí es donde debemos poner la imaginación a trabajar y conseguir proponerles algo irresistible que les seduzca.

Esta serie de fotos es real: fuimos a la playa a fotografiar a una madre embarazada con su hija mayor, pero empezó de muy mal humor…

¿Es aconsejable repetir una sesión de fotos si no ha salido bien?

Si crees que las cosas no han salido como esperabas, siempre estás a tiempo de repetir la experiencia. Algunos fotógrafos, de hecho, ofrecen de motu proprio la posibilidad de repetir la sesión cuando consideran que no han podido obtener las imágenes que esperaban. Pero, si crees que necesitas cambiar de aires, también puedes buscar a otra persona que entienda mejor tu visión y con quien te sientas verdaderamente a gusto.

Decidas lo que decidas, lo importante es entender que, por mucho que repitas, no servirá de nada si no asumes que no todo está bajo tu control. Parte del encanto de los niños es que son niños: espontáneos, alocados, tímidos, furiosos… 100 % auténticos.

Padres y fotógrafos debemos hablar mucho antes de la sesión de fotos, e intentar por todos los medios que no llegue ese momento en el que ya no hay marcha atrás porque la suerte está echada. Procura explicar lo que te gustaría y lo que no, dejar claro cuáles son tus prioridades o el tipo de imágenes que te gustaría conseguir. Acompaña a tus hijos de manera respetuosa, implícate en la experiencia, sal a jugar con ellos.

Somos personas, cada una con nuestras particularidades, y la fotografía infantil no tiene una receta universal que pueda aplicarse a todos. Pero si la comunicación es buena, todo fluye mejor. ¿Hablamos? ;-)

Al final, un revolcón en la arena, un chapuzón y un rato de correr junto a la orilla, jugando madre e hija, dieron la vuelta por completo a la situación.