¿Qué pasa si llega un bebé de una semana con los ojos como platos y no tiene intención de dormirse? En realidad, a priori esta pregunta creo que nos preocupa más a los fotógrafos de recién nacidos que a los padres.

“Oh, ¿es que tiene que estar dormido?” – preguntan sorprendidos muchos padres. Más bien sí, aunque no es estrictamente necesario. Pero vayamos por partes.

Cuando pensamos en fotografías de recién nacidos y nos imaginamos el cliché del género, nos vienen a la cabeza imágenes de bebés plácidamente dormidos, colocados con delicadeza en posiciones más o menos naturales, en entornos más o menos preparados. ¿Por qué los fotógrafos queremos que el bebé duerma? Más allá de la respuesta obvia de poder posarles al milímetro, hay otros motivos. El principal es que, cuando duermen, los bebés relajan el semblante, y transmiten sensación de paz y tranquilidad.

¿Y no se pueden posar despiertos? En la mayoría de casos, no. Si habéis tenido a un recién nacido despierto en brazos, habréis observado que se mueve constantemente y que cuando se inquieta por cualquier motivo, estira el tronco y agita mucho las extremidades. Eso hace que sea prácticamente imposible colocarle en una posición deliberada y que el bebé la mantenga.

Además, si bien es cierto que pasan momentos de serenidad con los ojos abiertos, el estado de vigilia en un recién nacido conlleva otros problemas desde el punto de vista fotográfico. Lo cierto es que un bebé de pocos días tiene muy poco control sobre sus movimientos, en gran parte involuntarios. Y especialmente cuando hablamos de musculatura facial, los recién nacidos son muy propensos a poner todo tipo de expresiones que engloban desde lo ligeramente gracioso hasta el chiste absoluto. No exagero cuando digo que a veces puedo disparar 30 tomas seguidas y me cuesta “salvar” alguna. Muecas, ojos bizcos, boca abierta con la lengua fuera, un ojo abierto y el otro cerrado…

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Incluso cuando están despiertos y relajados, pocas veces logran fijar la mirada. Eso sí, cuando se consigue una toma que reúne todos esos requisitos, tiene tanta o más fuerza que una foto del pequeño durmiendo:

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Pero volviendo a la pregunta del principio: ¿qué pasa si el bebé no se duerme? Lo primero, que no cunda el pánico. Un fotógrafo de recién nacidos con experiencia tiene algunos trucos bastante efectivos para contribuir a endulzar el camino hacia los brazos de Morfeo. Una temperatura elevada, un ambiente distendido, una buena ración de leche, un suave meneo y mucha paciencia suelen bastar. En mi experiencia, el 98 % de los bebés duermen en algún momento de la sesión, aunque solo sean 5 minutos y con un sueño ligero.

El 2 % restante son los que cariñosamente me gusta apodar pocasiestas. Y me quito el sombrero ante ellos: touché. En cualquier caso, si el protagonista está de buen humor, tranquilo y relajado, no hay motivo para no hacer otro tipo de fotos, más distendidas y menos preparadas, menos posadas, menos orquestradas.

No os angustiéis si vuestro bebé no se duerme. No sufráis pensando si lo hace “bien” o “mal”. Creo que mi tarea como fotógrafa no es tanto dormirle a toda costa y obtener una imagen idealizada, como captarlo tan honestamente como pueda a través del objetivo. A veces cuesta. Pero me gustaría ofreceros unas imágenes en las que veáis a vuestro hijo reflejado tal como es -tal como era- en ese momento, ese día, esa mañana. Imperfectamente perfecto.

 

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