¿A qué huelen las nubes?
¿Qué aspecto tienen mis bajos?
¿Qué pasa si derramo la copa?

Lo cierto es que las mujeres, en lo que a bajos se refiere, lo tenemos un poco complicado para conocernos a nosotras mismas sin la ayuda de un espejo. Una se acerca a los cuarenta y ha tenido tiempo de explorarse y conocerse a fondo, pero aún recuerdo lo que me costó en su día llegar a usar un tampax.

Vale… perdón. Vaya forma de empezar un post. Se supone que estas cosas se empiezan dando un rodeo, advirtiendo al lector de que el artículo será un poco personal y de que puede herir sensibilidades. Pues advertidas estáis.

Hace tiempo que quería contar esto, pero empezaré por el principio. Sí, aquí donde me veis, he vivido en la versión 1.0 de la menstruación durante muchos años. Sabía que existían las copas menstruales, pero entre tanto embarazo seguido y mi falta de tiempo vital para andar experimentando, fui dejando el tema para “más adelante” y no había forma de hacer el consabido upgrade a la modernez:

Había leído y escuchado opiniones que ponían el invento por las nubes (oye, ¡quizás huelan a copa menstrual!), pero una tiende a ser desconfiada por naturaleza y tenía mis dudas. Mi gran interrogante era: “¿Y esto no es un estropicio cada vez que hay que sacarlo y volverlo a poner?”. Lo sé, podría haber preguntado a alguien, pero no es un tema que me vea comentando con amigas mientras tomo un café: “Esto… por cierto, ¿tú usas copa? Sé sincera, ¿es una guarrada usarla? ¿Mancha mucho?”.

Así que googleé, y googleé, pero solamente encontré *un* post en un blog. Y ese post era… terrorífico, cuanto menos. Después de imaginar que cada vaciado de la copa sería algo así como la matanza de Texas, aparqué la cuestión. Hasta que, casualmente, (oh, música celestial) navegando por las redes me apareció una publicidad (lo juro, piqué) y decidí comprar una (bendita internet). Era fácil: dos tallas, pre-parto y post-parto. Clic. Sin mirar atrás. No regrets.

Y ahora, después de hacer un testing sobre el terreno durante unos meses, me veo en disposición de redactar el post que me habría gustado leer y contaros a todas las que, como yo en su momento, aún albergáis dudas, cuál ha sido mi experiencia.

Cosas que creo que hay que saber antes de decidirse a usar una copa menstrual

Existen distintas marcas que ofrecen distintas tallas y grosores. La que yo elegí no sé si es dura o blanda en comparación con otras, pero a mí me parece más que aceptable y cómoda. Todas las copas tienen un “rabito”. El dichoso rabito me preocupaba por si sobresalía y lo notaba al moverme o sentarme, pero no. Y, en el caso de que llegue a molestar, parece ser que muchas usuarias lo cortan y se quedan más anchas que panchas.

Poner la copa es, ciertamente, un ejercicio algo arduo. Hay que plegarla como en la imagen, e introducir eso vagina arriba, donde (si todo va bien), se desplegará y creará un vacío. Y voilà, lista para ir recogiendo el sangrado. ¿Cómo saber si está bien puesta? Toqueteando a ciegas (sí, se puede) o mediante prueba y error (si manchas, está mal puesta).

Sacarla es más complicado, aunque no he sufrido demasiados contratiempos hasta la fecha. Es necesario tirar del rabito, romper el vacío e ir tirando de un lado a otro hacia abajo hasta que sale. Y aquí es donde entra en juego la pericia de cada una para que no haya daños colaterales. No es lo mismo sacarla con suavidad que hacerlo bruscamente, ni es lo mismo que esté medio vacía que medio llena (oh, wait…).

Creo que es importante, las primeras veces que vaya a usarse, tener a mano un baño de confianza. No el baño de un bar cutre, de esos en los que aguantas la respiración para no inhalar vete tú a saber qué, y caminas sobre las puntas de los pies para no pisar vete tú a saber qué. Ese calibre de lavabo está reservado a “cupairas” nivel experto.

Bonus track: llevar en el bolso unas toallitas húmedas para cuando te encuentras en terreno hostil y debes poder limpiar el estropicio con unas mínimas garantías. Bonus track 2: llevar un salvaslip puesto “porsiaca” los días de más flujo.

Ventajas

Ahorras pasta. Un montón de pasta. Si te pones a hacer cálculos, con lo que te ahorras en tampones o compresas a lo largo de tu vida fértil, seguramente podrías comprarte varias cajetillas de tabaco. Quiero decir, de Coca Cola. Ay, no. De lo que sea vuestra perdición. Más ventajas: ahorras sufrimiento al planeta porque generas menos residuos. Y las copas están fabricadas en silicona de esta que no hace daño a nada ni a nadie, así que la puedes llevar durante horas (muchas horas) sin problemas.

Desventajas

Saber cada cuándo cambiarla. Es también un ejercicio de autoconocimiento porque todas sangramos distinto y cambia según el día. Más desventajas: no se me ocurren, más allá de la ligera incomodidad de ponerla/sacarla.

Así que, si tú eres esa yo de hace unos meses, no lo dudes. Pruébala. Invítate a una copa. El “no” ya lo tienes.

P.D. Si eres nivel experto y quieres dejarme algún consejito, se agradecen comentarios :)

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