Hay esperas que se hacen largas. Otras cortas. Algunas esperas se hacen esperar. Algunas se viven muy bien acompañada, como esta. En casi todas hay mucho de ilusión, pero también una pizca de miedo y de incertidumbre. Y es que en algunas esperas surgen baches, dificultades y giros inesperados. Y, unas pocas, se convierten en pérdida. Sea como sea, en todas ellas hay mucho, mucho más que una vida dentro de una barriga. Si el camino se tuerce, solemos acallar nuestras voces, paralizadas por tabúes y miedos. Pero la huella que nos deja está ahí, no desaparece. 

Va por todas nosotras, mujeres, madres: para que podamos hablar, siempre que así lo sintamos, y ser escuchadas. Para visibilizar lo invisible y poner sonido al silencio. 

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