Me llegan cada vez más consultas de gente que quiere dedicarse a la fotografía de bebés, preguntando cómo hacerlo, dónde formarse, dónde aprender. Son mensajes de mujeres llenas de ilusión y de ganas. No tengo una respuesta única, pero cuando intento darla, procuro ser franca. Así que… este post es para ellas.

No temáis, no me pondré a hablar de lo que cuesta una sesión, del valor del trabajo de un fotógrafo o de la dura vida del autónomo (bueno, solo un poquito; pero si os apetece que lo haga a fondo, lo dejo para otro día).

no-more-pictures-please

Cuando uno se imagina siendo fotógrafo de bebés y se pasea por las páginas y muros de quienes ya se dedican a ello, suele encontrarse con la figura de una mujer, joven, en muchos casos madre, que disfruta con lo que hace. Que se organiza el tiempo a su manera, con gran flexibilidad horaria. Que retrata historias fantásticas de bebés guapísimos y conoce a familias encantadoras. Que derrocha amor y pasión por los cuatro costados, y que consigue unas fotos impresionantes.

Yo era ese alguien que se imaginaba siendo fotógrafo de bebés y miraba el trabajo de los demás. Y pensaba que tenía que ser muy gratificante a la par que sencillo; total, un bebé recién nacido solo come y duerme. Un sofá, una manta, un ventanal y a correr.

Pero por idílica que pueda parecer esta profesión, eso es solo el escaparate. La constatación de que fotografiar bebés no era una tarea sencilla la tuve en mis primeras tres sesiones (you know who you are); pero me ha llevado bastante más tiempo llegar a entender que lo que vemos en ese escaparate es solo la punta del iceberg. Detrás del resultado final se esconde un trabajo intenso en muchos frentes, y la mayoría de ellos poco tienen que ver con cámaras, objetivos, iluminación, atrezzo o Photoshop. No, no todas mis fotos son espectaculares. No, no todas las historias son bonitas. Lo cierto es que no todo lo que hacemos está rodeado de ese aura con aroma de bebé; solo una pequeñísima parte lo está.

Una de las primeras cosas de las que uno se da cuenta es que la mayor parte del tiempo no la dedicamos a disparar, sino a la parte administrativa (10 mensajes por leer, 2 conversaciones a medias; agenda para el próximo mes), de promoción (¡hola! ¡estoy aquí, soy fotógrafa de bebés!), de relación con los clientes (ahora te respondo y te cuento con calma el funcionamiento de la sesión) y proveedores (necesitaba 3 copias de esa foto, y tenían que ser en mate, no brillo). De contabilidad (oh, sí, mis queridas facturas trimestrales). De pasar el aspirador y la fregona por el estudio (I want to break free! ♫♫). De pulverizar con quitamanchas y poner lavadoras llenas de telas mojadas por bebés (I want to break free! ♫♫). También pasamos horas delante de la pantalla del ordenador, y no solo retocando y editando. Dedicamos mucho tiempo a buscar acuerdos, arreglar entuertos y subsanar errores. Yo soy la primera que los cometo, y sé que no siempre consigo colmar las expectativas de mis clientes. Pero sí que intento por todos los medios encontrar soluciones y ofrecer diálogo.

Vaya por delante que no estoy en posesión de ninguna verdad absoluta; no tengo fórmulas milagrosas y no soy nadie para dar consejos; ni mucho menos para cerrar las puertas de ningún sueño. Con mis palabras pretendo solo exponer mi experiencia e invitar a la reflexión. Antes de tiraros de cabeza al agua, pensad en lo que viene después. El conocimiento de la técnica es solo una pequeña pieza de un gran puzzle. Porque ser fotógrafo profesional es eso, un trabajo. Porque no se hace solo por amor al arte, se hace para vivir (de ello y por ello).

Sin duda que quien vive de la fotografía ama la fotografía, pero la decisión de profesionalizarse va más allá. Lo sé, en el fondo es una obviedad. Y, no obstante, me parece necesario decirlo en voz alta: no es un camino de rosas; emprender y vivir por cuenta propia nunca lo es. Formarse es mucho más que asistir a un curso.

Así que, si tenéis un sueño, a por él. Pero no os quedéis en la superficie de lo que se ve; preguntad por todos esos detalles incómodos, aburridos o nada apasionantes que suponen el día a día de la profesión. Aquí me tenéis :)

 

A %d blogueros les gusta esto: