La semana pasada terminé un curso de fotografía para madres con sus bebés en el Centre Cívic Sandaru. Han sido casi tres meses de una cita semanal explicando cositas sobre luz, composición y botones de cámaras (las ajenas no las domino nada, jeje), que espero que hayan servido para que quede algún concepto que ayude a mejorar las fotos de familia de todas las alumnas. Desde aquí, ¡gracias de nuevo a todas las que me acompañasteis en la experiencia!

Para despedir el curso, aprovechamos las últimas dos sesiones para hacer un shooting un poco más serio, pero sin grandes abalorios, utilizando el espacio y el material disponible. Por mi parte, quise retratar también a todos los protagonistas. Y cuando digo todos, incluyo también a las mamás. Porque demasiadas veces somos nosotras las que estamos detrás del objetivo y no aparecemos en ninguna imagen; porque apenas tenemos tiempo de mirarnos al espejo, vamos despeinadas, con la camiseta manchada de leche o porque directamente ni se nos ocurre que alguien nos incluya en la estampa.

Y es que las madres solemos ser de lo más escurridizo ante la cámara. Pero, cuando crezcan, estoy segura -qué digo, estoy totalmente convencida- de que esos bebés agradecerán poder ver cómo eran sus madres en ese momento. Jóvenes, preciosas, radiantes. Y atesorarán fotos como estas – sin retoques, sin Photoshop, solo una madre y su bebé:

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