A pesar de tener a Naoki con poco más de seis meses, este año hemos pasado de puntillas por la temporada de virus. Pero no somos inmunes a todo, y algún resfriado más o menos adornado con fiebre ha caído en casa. Y así es como empezó mi historia de amor con Oblumi tapp.

¿Eso qué es?

Un termómetro. Aunque parezca un auricular o un altavoz extraño que se conecta a la toma de audio del teléfono, es un termómetro. Funciona por infrarrojos y puede medir la temperatura en la sien o en el oído.

La verdad es que no tenía muchas esperanzas, porque excepto a mis “mayores” (de 7, 8 y 9 años), a Nui (3 años y medio) lo de ponerse un termómetro no le ha gustado nunca. De hecho, tampoco le gustan los medicamentos – con ella descubrí que el paracetamol también está disponible en formato supositorio, después de intentar dárselo en jeringa y conseguir únicamente que echase espumarajos por la boca cual niña del exorcista en varias ocasiones. Lo primero que pensé fue que sería más fácil tomarle la temperatura al pequeño que a ella. Pero tapp es rápido, y el hecho de no tener que ponérselo bajo la axila prometía…

¿Cómo funciona?

Después de instalar la app en el móvil, solo hay que conectar el aparato y elegir un modo de medición. Para mediciones en el oído, se usa tal cual. Para mediciones en la sien, es necesario colocarle una pequeña funda y seguir las instrucciones. Sinceramente, es muy, muy rápido.

Pero atención al típico error de usuario primerizo. El tapp está optimizado para los dos usos previstos en la aplicación y hay que seguir las instrucciones al pie de la letra. No vale con ponerlo de cualquier manera. Al principio, una servidora -que se cree que siendo madre de cinco hijos está ya de vuelta de todo- ponía el termómetro en cualquier parte de la frente, y solo conseguía volverme loca con lecturas incoherentes. Es decir, no hagáis esto:

Para lecturas en la cabeza debemos apoyar suavemente tapp en la sien, justo en el espacio que hay entre los ojos y las orejas. Me dicen que es porque allí es donde hay mayor riego sanguíneo y eso es lo que usa tapp para hacer sus cálculos. Mientras se apoya, es aconsejable dibujar pequeños círculos. En pocos segundos aparece la lectura en pantalla, y voilà!

Lamentablemente, Naoki no lo tolera nada bien si está despierto. Con ocho/nueve meses, cualquier cosa que pasa por delante de sus ojos debe ser inspeccionada, mordisqueada y babeada hasta la saciedad, por lo que usar tapp para tomarle la temperatura es extremadamente complicado. En su caso, creo que resulta más efectivo usarlo en el oído, aunque el manotazo para intentar sacárselo de encima tampoco me lo ahorro.

Más cositas que pueden parecer obvias pero es necesario respetar: apartar el cabello de la sien y no tomar lecturas cuando el bebé acabe de correr una maratón y esté sudando.

Lo bonito de tapp es que, gracias a la app, podemos crear perfiles de “pacientes” y guardar un historial personalizado. Ideal para controlar administraciones de dalsys, apiretales o antibióticos, y para compartir los datos de las mediciones, sobre todo si hay que dejar al “paciente” al cuidado de abuelos u otras personas. A mí me habría venido de perlas un año fatídico en que cayeron los cuatro niños enfermos y el padre, todos a la vez, y me pasaba el día con la jeringa en la mano.

También permite medir la temperatura de líquidos, por lo que se podría usar para biberones o incluso para el agua del baño. Aunque para eso una recurre al sistema analógico de escaldarse la mano ;-)

En nuestro caso, diría que lo considero un éxito rotundo para Nui, por lo que lo recomendaría para bebés mayorcitos, niños y adultos. Y seguro que también funcionará genial con bebés recién nacidos. Pero si tienes a un bicho de pocos meses que no para quieto y todo le llama la atención, la cosa se complica. De hecho, también se vuelve imposible cambiarle el pañal sin tener que hacer un placaje a cuatro manos. O vestirle. O bañarle sin quedar empapada en el intento. Pero eso ya es otra historia. ;-)

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