Prometí que contaría algo de mi visita relámpago a Madrid, y aquí estoy para dar cuatro pinceladas.

Que alguien te pida una clase particular (o mentoring, que queda más bonito) siempre halaga y sorprende. Que pienses en encontrar a un bebé fuera de tu ciudad, le propongas una locura a alguien que no te conoce y te diga que sí, también sorprende y halaga. Y así fue como coincidimos en el continuo espacio-temporal Lucía Be, Cristina Díaz y una servidora, para pasar grandes dosis de calor juntas mientras achuchábamos al bueno de Juan en una sesión intensa y condensada.

La escena era tal que así, con empapadores, tapas de objetivo y cámaras por el suelo:

makingof

Lo bonito de trabajar a dúo es que todas las partes sacan algo nuevo. Mientras intentaba explicar lo que suelo hacer con los bebés, se confirmaron mis sospechas: constaté que mi flujo de trabajo es un puro caos, que sigo el ritmo del bebé muy sobre la marcha, y tiendo a concentrarme hasta extremos insospechados. Tan insospechados, que luego me dejo cosas por el camino (así fue cómo se quedaron en el estudio de Cristina las llaves de mi estudio). Pero no lo cambiaría por nada, y menos en tan buena compañía.

Y aunque no deje dormir a su madre, Juan es precioso, sonriente y dormilón. En fin, qué os voy a contar; creo que la cara de Lucía en la última foto lo dice todo :)

lucia-be-juan-bebe

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