Permitidme que escriba un post en clave más personal. Han pasado dos meses desde que nació mi cuarto bebé, Nui. Nueve meses esperando un día, y dos meses ya viéndolo alejarse en el tiempo… por eso he querido hacer balance visual de sus primeros días. Nada elaborado, nada sofisticado; solo una selección en blanco y negro de detalles, de contacto, de cariño.

Desde el primer momento tenía claro que quería documentar su llegada de forma exhaustiva, para retener en la memoria todos sus pequeños rasgos. Pero debo admitir que precisamente ese afán por guardarlo todo en la retina me produjo cierto agobio, hasta el punto de tener la sensación de que el tiempo se me escapaba literalmente entre los dedos, y la experiencia fotográfica tomaba un punto agridulce.

Es algo en lo que siempre insisto cuando contactan conmigo para contratar una sesión de recién nacido, pero es que es cierto: cada día que pasa, cada mañana que se va, cada hora y cada minuto están llenos de microcambios. Ver su piel descamarse, sus ojos desinflarse, sus uñas romperse… sus movimientos descoordinados, su olor inconfundible.

Cambian. Muy. Rápido.
Demasiado.
Creedme.

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