Eso es lo que debería decirles a todas las madres que me contratan. O quizás es lo que les digo, implícitamente. Que vengan al estudio, que se sientan cómodas; que, pase lo que pase, tendremos fotos bonitas de su bebé.

De vez en cuando alguien me pregunta si entrego *todas* las fotos. Mi respuesta es no y sí. No, no entrego todas las fotos que disparo. Algunas están fuera de foco, otras son prácticamente idénticas a la anterior y a la siguiente; otras, sencillamente, no me convencen. Mi trabajo consiste también en filtrar, descartar y quedarme con una selección. Esas sí: las entrego todas. Las presento en una galería y están todas reveladas, ajustadas y pulidas; algunas en color, unas pocas en blanco y negro.

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Si os piden una redacción, ¿entregaríais todos los apuntes y borradores que hacéis antes de llegar a la definitiva? Si os piden un postre, ¿llevaríais a la mesa también los restos de ingredientes que no habéis usado?

El proceso de cribado fotográfico no es fácil y todos solemos acumular decenas o incluso cientos de fotos muy similares en el disco duro (o en el smartphone). Sin embargo, todos deberíamos practicar el cribado en nuestra colección personal de imágenes porque es precisamente lo que da sentido al producto terminado.

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A mí, como profesional, es lo que me permite conseguir un conjunto de fotos cerrado, coherente, que transmite -aunque sea parcialmente- una visión. Ojo, yo soy la primera que sufre teniendo que descartar imágenes, pero si tengo alguna virtud de la que pueda presumir (creo) es que se me da bien cribar. Cocino poco y mal, tengo la casa hecha un desastre y soy poco apta para las manualidades, pero se me da bien abstraer, resumir; recortar y quedarme con lo esencial.

Así que… ¿confías en mí? Cierra los ojos. Cuando los abras, verás lo que vi yo.

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Y, para que veáis la importancia de filtrar y quedarse con lo mejor, aprovecho y os enlazo un artículo de Hello Creatividad donde explican un poco el proceso y os animan a ponerlo en práctica. Si vuestra intención es imprimir vuestras fotos, ya sea en forma de copias o álbumes, filtrarlas es un paso imprescindible. Mi consejo personal: hacedlo cada vez que importéis las imágenes al ordenador. Estableced un sistema por el que reduzcáis el número de fotos tomadas a unas pocas (muy pocas) “buenas”. Luego, a la hora de crear el álbum (o imprimir las copias), solo tendréis que recuperar la selección que habréis hecho a lo largo de los meses y poneros a diseñar.

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